!Las penurias de un recluta!
Transcurre AGOSTO1955. El camino del recluta, que procede de todos los rincones del País, buscando la Escuela Militar, se volvió finito y quedó atrás. Tomando previsiones debido al largo y desconocido recorrido que me espera en cuatro días de viaje, desde San Cristóbal Táchira a Caracas, en ruta polvorienta y llena de imprevistos, me permite llegar temprano a la Escuela. Este detalle me ofrece oportunidades que no esperaba, tales como: observar de cerca la llegada de centenares de aspirantes a Cadetes como yo, y detallar sus procederes.
La Escuela Militar la observo majestuosa, imponente, un verdadero lujo arquitectónico y una demostración de calidad ingenieril admirable. Su diseño es obra de Carlos Raúl Villa Nueva, Gloria Nacional de Arquitectura. La Universidad Central y su Aula Magna, declarada patrimonio arquitectónico de la humanidad por la UNESCO, son diseñadas por él. La Escuela como la observo, es una muestra palpable de esmerado cuido y mantenimiento en todas sus áreas.
Nuestras caras reflejan interrogantes y hasta miedo. Las maletas vienen llenas de ilusiones. Todos deseamos coronar con éxito los Exámenes de Admisión que comenzarán mañana. Apenas hace un año se creó la Escuela Básica con sede en la Escuela Militar, donde nos concentramos aspirantes del Ejército, Marina, Aviación y Guardia Nacional, para recibir en dos años, información integral, igual para todos; y al final de este período básico, cada quien irá para la Escuela seleccionada inicialmente en la Fuerza de su preferencia.
Los Oficiales de Planta requeridos, proceden en forma equitativa de cada Fuerza, conservando sus uniformes, insignias y colores distintivos. Los Cadetes nuevos de manera programada y estricta, periódicamente son rotados de aula, de deporte, de mesa en el comedor, buscando integración, fraternidad, conocimiento interpersonal, camaradería y confianza entre todos, a los fines de una mayor integración entre las Cuatro Fuerzas.
Los Cadetes veteranos, de segundo, tercero y cuarto año, durante las vacaciones no pueden vestirse de civil bajo ningún respecto y si un superior lo llega a pillar vestido de civil, será enviado de vuelta a la Escuela como castigo. Estos son incorporados como auxiliares para el manejo y control de los aspirantes. En lapso de diez días, se cumplen los Exámenes de Admisión: médicos, intelectuales, físicos, psicológicos y de reacción inmediata, con profesores y especialistas en cada una de estas pruebas.
En verdad, el éxito ante este reto, depende mucho de la forma de vida transcurrida, experiencias adquiridas, formación de hogar y conocimientos obtenidos en primara y bachillerato. Valen también, las informaciones previas recibidas de Cadetes veteranos, amigos o vecinos, en relación a la vida militar. De seiscientos cuarenta aspirantes fuimos aceptados doscientos ochenta, entre los cuales ocupo el séptimo lugar en el Cuadro de Méritos publicado.
Para quienes procedíamos del interior del País, sin familiares en Caracas, nos alojaron en dos dormitorios auxiliares, dotados de literas y un locker para cada aspirante y con estricta vida de cuartel. Durante éste lapso, en mi observación, percibí comportamientos, tipologías regionales, acentos provincianos, hábitos de vida y costumbres totalmente desconocidas para los andinos, a quienes despectivamente nos llamaban “Gochos”.
Me sorprendo al conocer jóvenes venezolanos como yo, con modismos y costumbres, comportamientos diferentes y vocabularios novedosos. Cómo entender a un margariteño como “Coro Coro”; o a un indio como “Barracuda”; a un cumanés jocoso, alegre, jovial, formador de “brollos”, como Alcalá Guevara; o a un llanero, siempre con un cuatro en sus manos, cantando como un jilguero, música entonces muy poco conocida en el resto de Venezuela como la llanera, Méndez Seijas; o a un guayanés como Sierra Ortega. Relacionarme con jóvenes de todas las Regiones del País, tiene un gran valor. Es que a la mitad del siglo veinte, las comunicaciones en Venezuela son muy precarias; las ciudades más avanzadas como Caracas o Maracaibo, Valencia o Barquisimeto, son prácticamente inaccesibles.
A nuestra edad, muy pocos habíamos hablado por teléfono. Mucho menos viajar en avión. La TV es un privilegio solo de los caraqueños y la inmensa mayoría no conocemos el mar. Las carreteras son caminos sin pavimento, con obstáculos e imprevistos por doquier. Radio Continente es la única emisora que acaba de lograr cobertura nacional y con dificultades sonoras, transmite “El Derecho de Nacer”, novela que obliga “el toque de queda” a las seis de la tarde, donde la gente corría para saber, si: “Don Rafael al fin habló; o si Mamá Dolores dijo quien era Albertico Limonta”.
El Acto de Ingreso es el último domingo AGOSTO1955. Presentes los Cadetes Antiguos, los Oficiales de Planta, palabras de salutación del Director de la Escuela Militar y Básica, Coronel (Ej.) Betancourt y del Tte. Cnel. (Ej.) Mármol Luzardo, Comandante del Batallón de Cadetes. Se autoriza el temido “bautizo” por parte de los Cadetes Antiguos; consistente en cortes ridículos del pelo y de la corbata, tal vez para destruir simbólicamente la condición de “civil”.
Hay entrega del equipo militar y se organizan las Unidades, Compañías, Pelotones y Escuadras con sus respectivos Comandantes. Soy ubicado en la Primera Escuadra, Primer Pelotón, Quinta Compañía, cuyo Comandante es el Tte(Ej.) Rodríguez Corro. Comandante de Pelotón, Alférez Montilla Jiménez y el Comandante de Escuadra, Sub Brigadier Zambrano Chaparro.
Se da la orden de formación con uniforme de campaña y la maleta, bien identificada para llevarla al depósito. Frente a mi habitación, se presenta un problema único, porque el Cadete nuevo Covarrubia Durán, quien no puede uniformarse debido a su gran tamaño, no había talla para él y asistió a las actividades planificadas vestido de civil, mientas la Intendencia le fabrica uniforme y zapatos a su medida. Luego otorgan a “los nuevos” hora libre para casino, único lugar donde los Cadetes pueden fumar, tomar refresco o comprar golosinas y chucherías. Yo prefiero arreglar bien el escaparate y escribir una carta a mi mamá. Me entero que el fulano casino libre, es una trampa para burlas y castigos como continuación del “bautizo”.
Al día siguiente, luego del desayuno hay formación para ir a la barbería, donde seis barberos experimentados nos esperan para dejar nuestras cabezas totalmente rapadas. Por la tarde un acto con Escolta de Bandera y Banda de Guerra, todos con uniforme de gala, en un escenario preparado para realizar el Acto de Juramentación presidido por el Coronel Director, quien con voz fuerte y clara, pronuncia la oración: “¿Juran ustedes, ante Dios y la Patria, en presencia de la Bandera, cumplir y hacer cumplir la Constitución y Leyes de la República, hasta perder la vida?”. Todos al unísono y previamente practicado y con la mano derecha abierta a la altura del hombro, respondemos: “¡Si, lo juro!” y el Coronel prosigue: “¡Si así lo hiciereis, que Dios y la Patria os lo premien; o si no, que os lo demanden!”. Luego del Solemne toque de Oración, que por primera vez escuchamos, el Coronel Director concluye: ¡Este toque de Oración, os recordará diariamente, la promesa que acabáis de prestar!.
El Alférez Mayor, portador de la Bandera, coloca el Pabellón Nacional en posición para que cada Cadete nuevo, rodilla derecha en tierra, con su mano derecha, tome la punta de la bandera y la bese. Acto seguido, procedemos a recibir el armamento asignado: Un fusil FN30 y se imparten, con extremo cuidado, todas las instrucciones sobre su manejo, uso, porte y cuido. A partir del día martes hasta el sábado, la programación establece: Escuela del Soldado-Orden Cerrado. Se enseña el saludo, forma de presentarse a los superiores, solicitud de permiso para hablar y despedirse, enseñan a marchar individualmente, en escuadra, la oscilación del brazo y mantenimiento del compás.
Solo un Cadete nuevo, de la Cuarta Compañía, no podía aprender a marchar en ninguna forma. Se trata de Ramón Urdaneta Fernández. Oscilar el brazo en forma alterna con el pie, era su tragedia. Durante toda las horas de casino y hasta la media noche, alrededor del patio de ejercicios, luego con un trozo de ladrillo amarrado en su pie izquierdo. Al final, con mucho esfuerzo, logró aprender.
Los cien días iniciales, constituyeron un cambio total de forma de vida para todos. Permanentemente se veían Cadetes pagando presentaciones; saludando columnas, centenares de veces; haciendo líneas escritas de mil, dos mil o cinco mil. Almorzar debajo de la mesa de comedor por no comer en escuadra o no saber usar los cubiertos, por lo cual era una angustia permanente, donde todos andamos asustados y corriendo por todas partes como locos. Hasta los mesoneros eran superiores a uno.
Al final de la semana, corresponde limpieza de armas, donde debemos llevar un cepillo de dientes, aceite “3en1”, algodón, una cuerda, un trapito en una pequeña bolsa con un cordel para cerrarla. Escogí un lugar solitario, ideal, que me permite observar todo sin ser visto; en el sector de la Oficinas Administrativas que están cerradas, en el pasillo que conduce al “Gran Hall”, sentado en el suelo, con la espalda contra la pared, limpio mi fusil.
Absorto en mi tarea de limpieza, no observo la presencia de dos Oficiales que venían conversando y se detienen frente a mí. Uno habla con acento argentino, me llama la atención y levanto la mirada. Es difícil describir el susto para pararme firme. Ambos amablemente con sus manos y gestos, me pidieron continuar con la limpieza. Se trata del Gral. Juan Domingo Perón, de gran tamaño, con botas argentinas, recién depuesto de su cargo de Presidente en Argentina y el Gral. Marcos Pérez Jiménez, quien luce muy pequeño al lado de él, como anfitrión. No supe que hablaban, ni porque tenían que pasar por allí. Se dirigen al Gran Hall.
A la semana siguiente, la programación señala: Orden Abierto-Escuela del Soldado. No quise preguntar a ningún superior que quiere decir ésto, para evitar algún castigo. Practicamos ejercicios de fusil, forma de apuntar a un enemigo, cómo disparar de pie o tendido en el suelo, cómo alimentar la recámara con proyectiles y montar el arma, forma de portar el fusil y como cuidarlo. El día viernes corresponde práctica de campo en el terreno de “La Rinconada”, donde hay potreros, rastrojos y bosque apto para estos ejercicios. Años más tarde se construye allí el Hipódromo “La Rinconada”.
Por la tarde muy agotados, regresamos a la Escuela, donde los Oficiales Comandantes de Compañía, ordenan: ¡Revisten Armmm!. El Comandante de la Cuarta Compañía León Villamizar, observa que un Cadete se queda firme, sin cumplir el movimiento ordenado; al conminarlo a cumplir la orden, en acento maracucho bien marcado, el Cadete responde: ¡Mirá mi Capitán, con la novedad le digo, que “la escopeta” se me quedó en el monte!. El Capitán de inmediato le ordena a su Compañía: ¡Firrrrmes! ¡A la iz quierrrrr! Se coloca al frente de la Unidad y grita: ¡A buscar “la escopeta” del recluta, en el monte. A trote… marrr!.
Decirle “escopeta”, al fusil y monte, al terreno de ejercicios, en la Escuela Militar, es un delito. Tres meses duró Urdaneta Fernández con el fusil “a la bartolera”, cruzado sobre su espalda, las veinte y cuatro horas del día; incluso durante las visitas, las clases o el cine en la noche y cuando paralelamente, cumple otro castigo, llevando amarrado en el pie izquierdo un pedazo de ladrillo, para aprender a marchar.
Así lo viví y así lo cuento.
Rindo Tributo en el Recuerdo, a mi compañero y amigo de todos, Tte. (G.N.) Ramón Urdaneta Fernández, “Moncho”, quien con su bondad y don de gentes, demostrados en la Escuela, en su corta vida y en su equivocada carrera militar, supo ganarse el afecto, cariño y la amistad, de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo y tratarlo.
José Moreno Zambrano.




Disfruté mucho está lectura. Qué momento ese frente a Juan Domingo Perón y Marcos Pérez Jiménez. Sin duda, histórico.
ResponderEliminarHola Luis Indriago! Así es, histórico! Gracias por leer mi Blog!
EliminarSaludos a la familia!
José Moreno Z.
Mi querido Jose, casi me siento amiga de Urdaneta Fernández y tu honra me enternece. Han sido unas letras llenas de muchas emociones: risas, asombro -Peron y Perez Jimenez frente a ti- solidaridad, recogimiento, lealtad hacia la Bandera y hacia la Patria. En fin, agradezco las carcajadas que me sacaste. Sabrosito este escrito. Gracias nuevamente y un abrazo fuerte.
ResponderEliminarGracias Merange! Jajajajaja aún me río, desde de tantos años. Que bueno que te gustó y te saqué sonrisas. Lo de la buscada de "la escopeta" fue memorable. Recuerdo a Moncho con muchísimo cariño, era un tremendo amigo; se fue muy joven, tenía 25 años! Gracias por leerme! Un abrazo amiga!
EliminarJosé Moreno Zambrano.